Walter Mignolo

Thoughts on modernity/coloniality, geopolitics of knowledge, border thinking, pluriversality, and the decolonial option.

Re-emerger: el retorno del Este Global y del Sur Global.

Entrevista con Walter Mignolo

Por Norma Giarracca para CAUSA SUR, Buenos Aires, Argentina, Febrero 2013

 (*) Sobre el concepto “re-emerger” ver mi artículo publicado en Ibraaz.

  1) En tu último libro (The darker side of western modernity. Global futures, decolonial options) dedicas uno de los primeros capítulos a “la vía del futuro: reoccidentalización, desoccidentalización y descolonialidad” ¿puedes explicitar estos conceptos?

Una de las tesis fuertes del primer capítulo es el plural: ¨las vías futuras¨ o ¨las vías hacia el futuro.¨ Este punto es crucial puesto las tres trayectorias que mencionas (re–occidentalización, des-occidentalización y descolonialidad) no las veo como que una va a ganar y se va a imponer sobre las otras. El punto fundamental es que estamos en un cambio de época, como lo aprendí del activista e intelectual José de Souza Silva. El cambio de época lo veo en el agotamiento de los universales abstractos como Cristianismo, (Neo) Liberalismo y (Neo) Marxismo, en la construcción de la idea de la civilización occidental, desde el renacimiento en adelante, pasando por la ilustración. Con la ilustración, Liberalismo y Socialismo/Marxismo compitieron por el lugar que había ocupado el Cristianismo como proyecto global de cristianización. Las versiones siguientes se manifestaron en el conflicto entre Liberalismo y Socialismo/Comunismo, durante la Guerra Fría. El fin de la Guerra Fría, que fue consecuencia del proyecto neo-liberal que emergió hacia finales de los 70s, creó la ilusión triunfalista que Francis Fukuyama enunció como ¨el fin de la historia.¨ En verdad, Fukuyama no estuvo errado: fue el fin de la historia de los universales abstractos y del dominio de la civilización occidental. Lo que comenzó a partir de finales de los noventa y principios del siglo XXI (sobre todo con la necesidad de Estados Unidos de encontrar una razón para reforzar la seguridad nacional que había perdido con la caída de la Unión Soviética y que ¨encontró¨ en el 9/11), fue la consolidación de proyectos y trayectorias que estaban latentes al menos desde la Conferencia de Bandung, en 1955: ni capitalismo ni comunismo, sino descolonización y des-occidentalización.

En fin, estas tres trayectorias están marcando y marcarán durante el siglo XXI los caminos de los futuros posibles, puesto que coexistirán en tensión y en conflicto. Pero ya la re-occidentalización no podrá controlar la des-occidentalización y la descolonialidad. El cambio de época equivale al cierre de la formación, consolidación y expansión de la Civilización Occidental (esto es de la Occidentalización) y de su base de sustento: la matriz (o patrón en palabras de Quijano) colonial del poder. Mientras que la Occidentalización fue controlada y manejada por estados, monárquicos-religiosos o seculares (España, Portugal, Italia, Holanda, Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos) la re-occidentalización (liderada por Estados Unidos) se enfrenta ya con la des-occidentalización y la descolonialidad. Ahí se abren las vías futuras y se cierra la posibilidad de un mundo homogéneo, occidentalizado. Lo cual no quiere decir que no habrá Mac Donalds en China o en Singapur. Quiere decir que las decisiones de cualquier tipo e índole serán tomadas en Singapur y en China, en Turquía y en Indonesia.

En ese primer capítulo hablo en realidad de cinco trayectorias y no sólo de tres. Además de las tres mencionadas, analizo ¨la reorientación de la izquierda—me refiero a la izquierda Marxista—después de la caída de la Unión Soviética y al hecho de que ya no es ésta la única opción contrapuesta a la opción neo-liberal. Analizo también la ¨opción espiritual¨. Opción muy compleja puesto que por un lado se entrecruza con la des-occidentalización político-religiosa que encontramos en sectores del Islam, pero también en los proyectos de descolonización del conocimiento en Los Andes, que ya conocemos, en Estados Unidos y en Nueva Zelandia. ¨Indigenización¨ es un concepto común entre historias locales tan dispares como parecieran ser las de los debates sobre el conocimiento entre académicos, ciudadanos intelectuales, activistas, pensadores en general. Sin embargo, no lo son tanto: la diversidad de las historias locales en el Islam, desde el Medio Oriente hasta el Sur Este Asiático, y las historias locales entre Mapuche, Aymaras, Algonquinos, Primeras Naciones de Canadá, Maories en Nueva Zelanda o Aborígenes en Australia, están conectadas por la intervención constante de la consolidación de Occidente (expulsión de los Moros de la península Ibérica), la intervención en el Nuevo Mundo, y luego en las Islas del Pacífico, y nuevamente en el Islam cuando los Británicos se asentaron en el Sultanato Mughal y luego cuando los Franceses intervinieron y desmembraron el Sultanado Safavid y el Sultanato Otomano, de donde nacieron Irán e Irak, respectivamente. De modo que tanto en el Islam como en las culturas y civilizaciones ¨indígenas¨ la espiritualidad está entretejida con la religión y la epistemología, de maneras muy complejas en cada historia local. Por ejemplo, el Islam tiene en común con la Cristiandad y el Secularismo Occidental las fuentes griegas de pensamiento y de conocimiento; fuentes que siguieron dos rutas diferentes como lo entendió muy bien Jorge Luis Borges cuando escribió ¨La búsqueda de Averroes¨. Por otro lado, las genealogías  ¨indígenas¨ de pensamiento en el Nuevo Mundo y en el Pacífico nada tenían que ver con Grecia hasta que llegaron Castellanos al Nuevo Mundo, y Holandeses e Ingleses en el Pacífico. En ambos casos, sin embargo, el asunto es desprenderse de la hegemonía que ganaron tanto las formas de pensar como los conocimientos adquiridos basados en seis lenguas occidentales imperiales y europeas (italiano, castellano, portugués, francés, inglés y alemán) montadas sobre dos lenguas clásica, el griego y el latín.  Pues la des-occidentalización y la descolonialidad del saber en el ámbito de la ¨cultura¨ conllevan la necesidad de pensar a partir de lenguas y categorías de pensamientos no occidentales (en el sentido restricto de las seis lenguas mencionadas y sus fuentes) y a través del saber acumulado en occidente y distribuido por el planeta. En fin se trata en este orden de la des-occidentalización en el ámbito cultural (más que en el orden de la economía política al que me referiré enseguida).

Por otro lado, des-occidentalización es un concepto que opera en la esfera político-económica. Es el concepto que en Singapur por ejemplo permite distinguir capitalismo de (neo) liberalismo. “Capitalismo sí, neo-liberalismo no” es una de las consignas en Singapur. Y algo semejante podría decirse de China y de algunos Estados Árabes del Medio Oriente y del Norte de África. También de Turquía. En una conversación con un colega turco, Galip Dalay, sobre este asunto, él me hablaba de la tendencia del gobierno del Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan,  a ¨normalizar Occidente¨. Después de intercambiar varios mensajes estuvimos de acuerdo en que ¨normalizar Occidente¨ en su lenguaje es ¨des-occidentalización¨ en el mío. En ambos casos no se trata de negar o desconocer los aportes de Occidente a la historia humana en el planeta, sino de reducirlo a su justa medida, es decir, no aceptar ya el ímpetu imperial y el deseo de homogeneizar el planeta. Cuando sostengo que la des-occidentalización es irreversible en el ámbito político-económico estoy diciendo que la economía de acumulación y de explotación por sobre las condiciones de vida del planeta, incluyendo a quienes lideran los estados y las relaciones internacionales, o la colonialidad económica, es irreversible y que, al mismo tiempo, se aceleran los conflictos: Occidente ya no controla la matriz colonial de poder en disputa por las ¨economías emergentes¨ y las consecuencias políticas y epistémicas que el auge económico tiene. La des-occidentalización en el ámbito político económico significa para las economías emergentes crecer desprendiéndose y desobedeciendo las ¨ordenes¨ del Fondo Monetario, del Banco Mundial y de la Casa Blanca (y ya no vale la pena aquí mencionar a Europa).

La descolonialidad por su parte tiene en mi argumento un ámbito específico y acotado. Si bien el concepto de ¨descolonización¨ tiene hoy en día un empleo amplio y variado, en mi argumento hablo de descolonialidad en un sentido específico: la descolonialidad significa desprenderse de la matriz colonial de poder, de todos sus ámbitos (económico, político, normatividad género-sexualidad, conocimiento, institucionalidad religiosa que suprime la espiritualidad, normatividad e institucionalización estética que suprime el sentir, suprime la aiesthesis, la mercantilización de la vida y del vivir ej. la mercantilización de Pachamama). El pensar y hacer descolonial no tiene en su horizonte una revolución donde el desprendimiento sea total y al unísono, sino que implica procesos en cada uno de los ámbitos, siempre entrecruzados e interrelacionados puesto que no es pensable del desprendimiento de un ámbito sin tener en cuenta su relación con los demás. Al mismo tiempo, es impensable que la descolonización sea equivalente a la revolución francesa o soviética. Este tipo de ¨revolución¨ moderna ya no tiene cabida en el pensar y hacer descolonial. Descolonizar la economía significa descolonizar las subjetividades construidas para responder y vivir en una economía de acumulación y de provechos personales, de competencias entre corporaciones y de los bancos a costa de los consumidores y de los usuarios. Descolonizar la normatividad genero-sexualidad significa descolonizar el conocimiento que construyó y normalizó los conceptos y las relaciones género-sexo; descolonizar el conocimiento significa descolonizar los agentes y las instituciones que crean, construyen, mantienen y diseminan el conocimiento, etcétera

En suma, me centro en esos tres conceptos: la re-occidentalización y la des-occidentalización político-económica fuerte se dan hoy en el plano de los estados y de las relaciones internacionales; la descolonialidad; y la des-occidentalización en el ámbito cultural que se desenvuelve en la esfera de la ¨sociedad política global¨. Los ejemplos de Islamización e indigenización son partes de estos procesos. En estos dos ámbitos ¿a qué se alude cuando se habla de la Islamización y la indigenización del saber? Dos movimientos paralelos tienen lugar en estos procesos: el conocimiento Islámico e Indígena siempre co-existió con el conocimiento Occidental (Cristiano y Secular, en las seis lenguas mencionadas), co-existió y evolucionó en las prácticas locales. El segundo movimiento es la toma de conciencia de que la co-existencia de saberes no es suficiente. Es necesario ¨islamizar¨ e ¨indigenizar¨ el conocimiento Occidental. Esto es, apropiarlo en los marcos de los conocimientos y las necesidades Islámicas e Indígenas. Estos últimos procesos son los que se definen en los conceptos de des-occidentalización y descolonización del saber. 

2 ) Como intervendrían los conocimientos,  las  culturas  y las religiosidades  en estos procesos que se dan en los niveles del Estado y de  la “sociedad política.”

La respuesta anterior toca ya en algunos de estos temas. Pero para saber cómo ¨intervendrían los conocimientos, las culturas y las religiosidades en estos procesos¨ es necesario saber primero en qué estructuras existentes intervendrían. O mejor aún, las culturas y religiosidades no intervienen por sí mismas, sino por medio de actores sociales que invocan ¨cultura¨, ´religiosidad´, ¨costumbre¨, ¨formas de vida y de ser¨, ¨memoria¨, ¨lenguas¨, ¨conocimientos¨, ¨sensibilidad¨, en fin, el conjunto de elementos que conforman comunidades organizadas en las cuales comenzaron a intervenir a partir del 1500, actores cristianos y luego seculares que se definieron a sí mismos como ¨civilización occidental¨ y a la cual, en Argentina, nos han hecho pertenecer. Lo cual a su vez está ligado a la violencia frente a las comunidades de los pueblos originarios hoy en Argentina y en toda América.

Por otro lado, cuando hablamos del Estado hoy hablamos de la forma de Estado moderno secular, construido por la ascendente etno-clase burguesa en Europa, que se fue gestando después del Tratado de Westfalia. En el vocabulario decolonial que propone la analítica de matriz o patrón colonial de poder la forma Estado moderno, es una institución montada para el control de la autoridad tanto en Europa misma como en sus existentes colonias y aquellas que serán formadas a partir del siglo XIX con la expansión de Inglaterra y Francia en Asia y África. El estado, secular y etno-burgués  que se formó en Europa después de la revolución francesa  se convirtió en instrumento fundamental de la expansión de occidente y de la colonialidad (pasamos de unos pocos estados-naciones hacia finales del siglo XIX a casi 200 a finales del siglo xx). La forma Estado sirvió y sirve para justificar las invasiones, alimentó las independencias en América y la descolonización en Asia y Africa, y justificó la retórica de la democracia: un Estado, dos o más partidos políticos y los ciudadanos que votan. He ahí el concepto de democracia. Que ocurre detrás de eso, pues, lo sabemos. El Estado justifica, sostiene la retórica de la modernidad y oculta la lógica de la colonialidad.  El Estado si queremos llamar así a toda institución que gestiona el orden social y timonea (gobierna, de ahí viene el nombre, kibernetike—arte de timonear una nave) es genéricamente hablando (es decir, que sea monárquico, religioso, ¨despótico¨ o ¨democrático¨) la institución que gestiona el orden socio-económico. El estado-moderno, europeo, burgués es una manifestación que se impuso como modelo, pero que hoy es necesario y problemático. Es necesario para los estados coloniales, es decir, aquellos formados por fuerza de la expansión occidental, sea China, India, Argentina o Bolivia; en estos casos el Estado es necesario de lo contrario los territorios nacionales serían campos abiertos y desiertos para las transnacionales y los estados ¨desarrollados¨, del ex primer mundo. 

De modo que la forma-estado secular formada en Europa a partir de finales del siglo XVIII por la emergente etno-clase burguesa es lo que nos interesa aquí. Es una forma reciente de gobernabilidad, que apenas tiene  poco más de doscientos años, destinada a desaparecer o mitigarse en el siglo XXI debido a la gobernabilidad global exigida por las economías emergentes que hacen necesarias instituciones ya no como la Organización de Naciones Unidas (ONU), sino la ONU en serio, compartida y gestionada por conglomerados que hoy se perfilan en los G20 pero que pronto se extenderá a G40. Esto es parte del proceso de des-occidentalización, el momento en que ya la ONU no está controlada por Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos sino constituida por G20 o G40. En ese momento la forma Estado pasará a ser un momento regional de gestión frente organismos internacionales que serán FMI y Banco Mundial, con manejo compartido con la intervención del ¨capitalismo de color¨ (China, India, Brasil, Rusia, África del Sur, Indonesia, Turquía, Japón) y el ¨capitalismo blanco” (Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá). Este escenario esta ya implícito en los procesos de des-occidentalización, si bien Estados Unidos está haciendo grandes esfuerzos por re-occidentalizar, es decir, mantener el control con la colaboración de los países centrales de la Unión Europea. Este proyecto está marcado por el discurso de Barack Obama en el Cairo a comienzos de su mandato, el discurso de Hillary Clinton en Honolulú en Noviembre del 2011 anunciando que el siglo XXI será el siglo Americano (quiso decir liderado por Estados Unidos) del Pacífico. Mientras tanto, Chile, Perú, Colombia y México están ya inscriptos en este proyecto, el de la Unión del Pacífico. Y más recientemente por el discurso del vice-presidente Joe Biden ante el Consejo Europeo en Bruselas, consolidado por el discurso del Presidente Barack Obama en Berlin, en Junio del 2013. La ratificación de la colaboración de Europa esta vez centra en el Atlántico y se presume que desde la costa Atlántica de África y de América del Sur y el Caribe, será también ¨el siglo del Atlántico que se viene¨.  Estos son algunos signos del proceso de re-occidentalización. Estados Unidos ha plantado, en el proceso de re-occidentalización dos nuevos puestos: Colombia en América del Sur y Alemania en Europa, para complementar Israel en el Medio Oriente y Japón en el Lejano Oeste (lejano por cierto desde Europa, puesto que desde América está apenas cruzando el pacífico, hacia el Oeste!)..

Por otra parte, no debemos perder de vista que la re-occidentalización es una respuesta a la des-occidentalización más que una iniciativa. Son los procesos de des-occidentalización que forzaron a Barack Obama a cerrar el ciclo de Afganistán e Irak  concentrase en el Pacífico y ahora en el Atlántico. Además de China y el Este Asiático donde se anuncia desde hace un tiempo ¨el siglo Asiático¨.  Más cerca de casa, recordemos el acuerdo firmado por el ex presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva con Cabo Verde. Si bien estos tratados se suponen que afectan por el momento la cuestión de la lengua, hay más en los acuerdos de lo que se ve a primera vista. Brasil, una ex colonia Portuguesa lidera la zona Lusitana del planeta, lo cual no es poco. Segundo, el acuerdo le permite a Brasil poner un pie en África y, junto con África del Sur, ser dos países BRICS que lideran el ¨momento Africano¨ con el apoyo de China. Tercero, Cabo Verde, Brasil y Sud África están situados en el Atlántico. De modo que tanto el siglo ¨Americano¨ (EE.UU) del Pacífico como el del Atlántico, harán al parecer un siglo ¨compartido¨ entre la des-occidentalización en marcha y la respuesta re-occidentalizante.  Por cierto las noticias en y para lectores occidentales son la mitad de la historia. La otra mitad está en la prensa Asiática y Africana. 

Ahora que abrimos una ventana al futuro, volvamos a la historia de la forma Estado moderna y secular, construida por la ascendente etno-clase burguesa necesitada de estructuras de gobernabilidad que le permitiera desplazar la forma Estado monárquico y la Iglesia. Digamos primero que frente a la borradura de las fronteras que propuso la doctrina neoliberal y el consenso de Washington promoviendo su proyecto globalizador, la forma-Estado le permitió a los países ¨emergentes¨ (hoy ya emergidos), no continuar siendo vapuleados y dirigidos por los Estados ¨desarrollados¨ (hoy en des-desarrollo). Una de las consecuencias es la hecatombe Europea y la crisis de Estados Unidos. Digamos de nuevo que estos procesos son consecuencia de la des-occidentalización. Pero sigamos con la  forma Estado.

La formación del Estado moderno (en Europa, de nuevo recordemos y para que no nos confundamos y pensemos que él fue una consecuencia de la historia universal y no de la historia regional de Europa)  necesitó de la separación entre iglesia y el Estado monárquico, por un lado, del Estado secular por el otro. Ahora bien, esta forma Estado fue teorizada, conceptualizada y narrada como la forma de gobernabilidad en el desarrollo de la especie humana. De tal manera que no sólo la teoría política estructuró la forma Estado moderno secular sino que la historiografía política y filosófica descartó todas forma de gobernabilidad existente en el planeta. Pues, por cierto, no había en las civilizaciones existentes hacia finales del siglo XVIII cosa que le pareciera. Y por cierto es entendible: no había en el resto del planeta una etno-clase blanca, cristiana y europea que se había enriquecido con la conquista del Nuevo Mundo, la trata de esclavizados africanos, la explotación de estos en las plantaciones del Caribe donde se producían café, tabaco, azúcar, algodón que enriquecieron, junto con el oro y la plata de los siglos XVI y XVII, a los bancos y los comerciantes de Inglaterra, Francia y Alemania. Al mismo tiempo, en la segunda mitad del siglo XVIII, la formación de los Estados Unidos de América del Norte por parte de colonos que pertenecían al Estado monárquico que comenzaba a tomar el liderazgo de la Civilización Occidental (Inglaterra), conjugó en las colonias Inglesas la independencia (o descolonización en el sentido que el vocablo tuvo durante la Guerra Fría) de la monarquía y de la iglesia en Inglaterra. De modo que la Revolución Gloriosa en Inglaterra a finales del siglo XVII y la teoría del Estado que construyó John Locke en el segundo tratado sobre el gobierno civil, sirvió de guía en la formación de los Estados Unidos de América del Norte. No fue la etno-clase burguesa la que tomó el liderazgo en las colonias, sino la etno-clase criolla de ascendencia inglesa. De modo que la independencia y descolonización en la formación de los Estados Unidos de América del Norte confluyó con la formación de los Estados seculares modernos en Europa en manos de la ascendente etno-clase burguesa.

A partir de comienzos del siglo XIX Inglaterra y Francia comenzaron su período de expansión imperial, sobre las espaldas de las conquistas previas de castellanos y portugueses, y la forma Estado moderno se convirtio en el instrumento político fundamental del control de la autoridad. Todas las repúblicas hispanoamericanas  y a finales del siglo XIX la lusitana en Brasil, replican la forma Estado moderno y construyen así los Estados moderno/coloniales dependientes. A partir de principios del siglo XX la forma Estado moderno, europea, comenzó a hacerse sentir en el viejo mundo. La guerra del opio terminó con la larga historia de los estados dinásticos chinos. China se tambaleó durante unos cincuenta años, hasta que en 1911 la revolución liderada por Sun-yat Sen cerró el ciclo monárquico e intentó la instauración de la forma Estado moderno. Sun-yat Sen no tardó en darse cuenta de que la forma-Estado Europea no cabía derechamente en China. Se percató que en Europa se habían formado varios estados de la misma ¨raza¨ decía él. Digamos hoy que los Estados modernos europeos fueron formados por hombres blancos y cristianos, y europeos por cierto. Se distinguieron por ¨nacionalidades.¨  Esto es, el Estado moderno impuso la idea de ¨nación¨ como la idea central de identificación y de diferenciación entre comunidades de la misma ¨raza¨ (etnia) pero no de la misma nacionalidad. Es decir, unas mismas etnias (cristianas, blancas) se diferenciaron por una especie de etnia de segundo grado: las nacionalidades (francesa, inglesa, alemana, italiana, española, portuguesa).

3) En el proceso de des-occidentalización no siempre se cuestiona -como en el caso de China- al capitalismo/modernidad. Cómo se manifiesta esta tensión entre la des-occidentalización y las opciones decoloniales radicalmente críticas del capitalismo/modernidad/colonialidad/racisno etc. en especial en Nuestra América.  

Comencemos por ¨Nuestra América.¨ Preguntemos a los líderes de proyectos descoloniales de los pueblos originarios, de los Mapuches hasta los Tojolabales (para mantenernos en la zona geográfica que Martí nombró ¨Nuestra América¨, los latinos, en relación a la de ¨ellos¨, los anglos) si ellos se identifican con ¨Nuestra América.¨ Supongo que no, que se identifican con ¨Abya Yala.¨ Y preguntemos a los líderes de los procesos de liberación afro-brasileros, afro-caribeños (en castellano, francés, holandés e inglés), a los afro-ecuatorianos y afro-colombianos, y afro-bolivianos, y afro-venezolanos si se identifican con ¨Nuestra América.¨  Supongo que no, que algunos se identifican con ¨la gran comarca¨ y otros y otras no tendrán un nombre, pero no es la historia ¨ibérica¨ de ¨Nuestra América¨ la que les compete, sino su propia historia del ¨middle passage¨, la historia de haber sido arrancados de sus sociedades y la historia de haber tenido que re-hacerse en las tierras de Abya Yala que los Europeos llamaron Indias Occidentales, luego América y Martí nombró (para las poblaciones de ascendencia ibérica) ¨Nuestra América.¨

De modo que las tensiones se manifiestan hoy de esta manera: la ¨América¨ ibérica (lusitana y castellana), gestionada por gobiernos compuestos, en general, por gentes de descendencia europea, se reparte entre la des-occidentalización y la re-occidentalización. Entre los primeros, Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y ahora Cuba comienzan a tomar ese camino. Por otro lado están los estados re-occidentalizantes (Chile, Colombia, Perú y México). Bolivia cuenta con un presidente Aymara, como sabemos, pero la política estatal es claramente des-occidentalizante, como quedó claro en los conflictos del TIPNIS. De modo que en el TIPNIS se ve claramente la línea que separa los proyectos des-occidentalizantes (Bolivia es un estado capitalista des-occidentalizante como Venezuela y como lo será Cuba y que, en últimas, es el ¨modelo¨ Chino). CONAMAQ  es la institución donde los proyectos descoloniales afincan. Lo mismo en Ecuador. No es el gobierno de Rafael Correa que sostiene proyectos descoloniales, aunque pueda parecer. La campaña que se inicia, desde el gobierno, en torno al ¨buen vivir¨ es un proyecto gubernamental de des-occidentalización equivalente al uso, por parte del estado Chino, del confucianismo pero aclaremos que la cuestión del confucianismo en China no se reduce al gobierno. De la misma manera que ¨el buen vivir¨ está en debate en la sociedad civil politizada, también en China el confucianismo se debate entre los ¨ciudadanos intelectuales,¨ empleando esta denominación que le es propia. No son intelectuales orgánicos sino ciudadanos intelectuales participando en el presente y hacia el futuro. Por otra parte, el pensamiento descolonial lo encontramos de larga data en el Caribe inglés y francés. Para dar un ejemplo, el grupo ¨Nuevo Mundo¨ que en los setenta proponía y discutía asuntos semejantes a los discutidos por la teoría de la dependencia, es un legado fuerte de pensamiento descolonial. Pero como no es ¨Nuestra América Ibérica¨ fue y sigue siendo desconocido en el continente. No pasa eso en el Caribe castellano. Roberto Fernández Retamar es un ejemplo de alguien que siempre estuvo en conversación con sus pares Caribeños de habla inglesa y francesa y de legados africanos coloniales y europeos imperiales.  En fin, ¨Nuestra América¨ igual que ¨América Latina¨ son nombres y conceptos del pasado que al tener todavía vigencia, siguen ocultando lo que ocultaron desde su misma gestación.

Veamos ahora más de cerca el concepto de des-occidentalización, teniendo en cuenta lo dicho en el apartado anterior. El concepto de des-occidentalización auto-refiere o refiere descriptivamente a dos tipos de procesos: uno en el orden político-económico y el otro, a falta de mejor término, en el orden político-cultural, el cual incluye la religión y la estética, cuestiones de género y sexualidad, de racialización étnica, etc. Quienes pensamos el mundo descolonialmente, es decir, que lo pensamos desde la analítica del patrón o matriz colonial de poder, sabemos que todos éstos órdenes están interrelacionados. Pero primero veamos estos dos órdenes separados.

La des-occidentalización político-económica, como en China, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, India, Turquía, Indonesia, Rusia, África del Sur (nombro aquellos estados que o bien son hoy economías fuertes o bien son considerados gobiernos progresistas en América del Sur), no cuestiona ni el capitalismo ni el desarrollo. Todo lo contrario, el gran salto económico de las próximas décadas será en los estados que acabo de mencionar, no en la Unión Europea ni en los Estados Unidos.  Se pronostica que para el 2020 las cuatro mayores economías serán China, India, Estados Unidos y Japón. Quizás las quinta, sexta y séptima sean Indonesia o Alemania o Turquía. La des-occidentalización se ¨apropió¨ del capitalismo. O, en el lenguaje de la analítica modernidad/colonialidad, lo que ocurre es que occidente que creó, transformó y controló la matriz colonial de poder ya no la controla, se le escapó de las manos. Esa disputa por el control de la matriz colonial de poder por parte del ¨capital de color¨ y la ¨epistemología de color¨ es lo que constituye la desoccidentalización político-económica. Simplemente, los estados ¨subdesarrollados¨ son y serán los ¨patrones¨ del desarrollo. Ello acarrea consecuencias político-económicas fuertes puesto que el Banco Mundial, el Fondo Monetario y Naciones Unidas ya no serán controlados por tres estados europeos más Estados Unidos. Los G20 en la reunión que comenzó el balance del barco que se hundía, fue un primer momento del balance político-económico que trae la des-occidentalización. La mitad de los billonarios del mundo son ya chinos. La economía de acumulación, colonialidad económica o capitalismo, como quieras llamarle, es global. La disputa es por el control y las regulaciones que ya no serán unilaterales. Bush-Blair fueron los últimos payasos del circo. Por otro lado, el deterioro del medio ambiente, la explotación, la expropiación, continuarán. Lo que cambia es la creciente clase media global, millones de personas que no tenían acceso a las comodidades de la clase media occidental ahora lo tendrán. Lo cual crea beneficios para quienes ascienden a la clase media. No sería  evidentemente  justo esperar que en China o en India no haya ascenso social porque son demasiados habitantes, y no sería justo restringir los beneficios de la clase media a Estados Unidos, Alemania y algunos países periféricos como Argentina y Chile. La des-occidentalización es también eso, millones y millones de personas que pasan a formar parte de la clase media global hasta hace poco limitada a los ¨países desarrollados¨. Esto es así, nos guste o no. Fue la enseñanza de Occidente que prendió en el mundo y se desprendió de Occidente.

 Ahora bien, hay otro aspecto importante que señalar en estos procesos de des-occidentalización. Se trata de la cuestión de los estados fuertes como China, Brasil, Rusia o India (con las respectivas diferencias) y los estados pequeños (Ecuador, Argentina, Taiwan, Korea del Sur y del Norte, Bolivia, Singapur, etc.). La cuestión es que los estados pequeños tienen hoy dos opciones: o bien tender hacia la des-occidentalización y en este caso optar por la China en vez de Estados Unidos o la Union Europea u optar por éstos últimos. En América del Sur, Colombia y Chile, por ejemplo, optan hoy no por la des-occidentalización sino por la re-occidentalización. Es decir, reforzar el esfuerzo de Estados Unidos y la Unión Europea por retomar el liderazgo que construyeron durante quinientos años. Pero ya no será posible y éste es el aspecto interesante de la des-occidentalización, tanto en China como en el Ecuador de Correa. Al mismo tiempo, la prioridad de la des-occidentalización son las alianzas y las relaciones comerciales y políticas en el orden global.  En segundo lugar, las mejoras de las condiciones en el interior de cada Estado. Tanto en China y Brasil, como en Ecuador, se registran ya estadísticas de levantamiento de niveles de pobreza, avances en la infraestructura de los países, atención a la salud y la educación. No obstante, y en tercer lugar, el desarrollo económico requiere recursos naturales y tanto Ecuador, como Argentina y Brasil están abiertos a las ofertas para la explotación de recursos naturales y compras de tierra que ofrecen tanto China, como Estados Unidos, la Unión Europea, Australia y Canadá.  En África y en América del Sur, por ejemplo, hoy es terreno de una guerra económica entre los países ¨del primer mundo occidental¨, según Huntington (EEUU, Unión Europea, Canadá y Australia), por la explotación de los recursos naturales, sin poner mucha atención en las consecuencias en el desorden del vivir que afecta las condiciones de vida, como bien se sabe en Argentina por los casos Monsanto y minería a cielo abierto. Esto ocurre también en África y en India, y los problemas de la explotación de carbón en China son también conocidos.

 Des-occidentalización se emplea en el ámbito general de la cultura (en el sentido en el que lo mencioné más arriba) junto a proyectos equivalentes que tienen otros nombres: descolonización o descolonialidad,  indigenización, islamización, sinificación (no digo ¨significación¨ sino ¨sinificación¨ o ¨chinificación¨) del conocer, del sentir (estética) y del creer (religión). Críticas postmodernas y marxistas en general saltan de inmediato ante proyectos que se nombre ¨islamización de los conocimientos o de las ciencias sociales¨, por ejemplo, o ¨indeginización de la universidad o de los conocimientos.¨ También se emplean en el ámbito de la estética,XX desoccidentalizar la estética (tal el proyecto de la Bienal 13 de la Sharjha Foundation, en Dubai). Veamos pues lo que estos términos tienen en común y lo que a su vez define y caracteriza a cada uno.

 Aquello que todas estas expresiones tienen en común es la necesidad y el esfuerzo de desengancharse (delinking) de la hegemonía epistémica, religiosa, hermenéutica, estética y subjetiva (sacralización del individuo por sobre los intereses de la comunidad y de la familia, no necesariamente en el sentido de la familia cristiana o victoriana). Hay muchas formas de familia, y la de occidente no es la única. Lo que diferencia a cada una de ella es la historia local en la cual los proyectos se ejercen. En este contexto, ¨desoccidentalización¨ se emplea mayormente en el ámbito del Islam, de China y del Este Asiático, también en Rusia comienza a surgir. En fin, en todos aquellas historias locales que no han sido colonizadas (como América, India o África), pero que no escaparon a los embates de la colonialidad disfrazada en la retórica y el proyecto de modernidad. El Islám no es un Estado, si bien hay muchos estados Islámicos. Des-occidentalización del conocimiento o/y de la universidad,  es una expresión común en el ámbito del Islam. También se emplea en este ámbito, ¨Islamización del conocimiento¨ y de otros ámbitos de la subjetividad. Ahora bien ¿qué diferencia hay entre estas dos expresiones empleadas, por ejemplo, en Malasia o Indonesia o en ciertos sectores del Medio Oriente?

 Hay desde siglos atrás un conocimiento acumulado islámico, tanto en el orden sagrado como en el secular. Grandes filósofos tales Iben-Shina en lo que es hoy Uzbekistan, Al-Gazhali en lo que es hoy Irán (y aquí estamos en el ámbito Islámico, pero en la lengua Árabe y en la lengua Persa), Ibn Rush en Al-Andaluz (Sur de España y Marruecos), el historiador Tunesino Ibn Khaldum. Pues ¨islamización¨ quiere ¨islamizar¨ las contribuciones de Occidente, integrarlas y subsumirlas en el ámbito del Islam. Al mismo tiempo la islamización, en este sentido, es también des-occidentalización. Se suele decir que por la ¨islamización¨ se llega al fundamentalismo. Este juicio es, por un lado, un lugar común en la crítica occidental del islam, tanto liberal, como conservadora, como marxista. Y algo de verdad hay, se puede llegar al fundamentalismo, de la misma manera que vivimos en un fundamentalismo occidental-secular que por un lado no admite otra posibilidad de existir y, por otro, intenta eliminar todo aquello que considere, a tientas o a sabiendas, “enemigos de occidente, de la democracia y de la libertad”. No hay, en verdad, lugar a salvo. Al fundamentalismo se llegó por todos lados, incluido el camino de Occidente. De modo que, aunque admitamos que ciertas tendencias de los proyectos de ¨islamización¨ pueden conducir al fundamentalismo, no dejemos de reconocer que la islamización es un tipo de des-occidentalización, incorporada en la historia del Islam que intenta desprenderse de los zarpazos de Occidente. No olvidemos que después de  expulsar a los Moros de la Península Ibérica, la expansión británica y francesa se extendieron sobre el Sultanato Mugal, el Sultanato Otomano y el Sultanato Safavid.

5) Nos gustaría que expliques un poco más la des-occidentalización y la islamización.

Des-occidetnalización e Islamización presuponen actualizar epistemologías de fronteras. ¿Por qué? Una vez que se reconoce que la expansión de Occidente ocupó a lo largo de cinco siglos todo el planeta, las culturas y las civilizaciones, hay tres respuestas; una es la occidentalización, es decir, aceptar y contribuir a que los principios y necesidades de la civilización occidental se concreticen en el planeta; esta es la vía de la asimilación que implica siempre la colaboración de agentes ¨nativos¨. Una segunda vía es la confrontación anti-occidente, intentar cerrar las puertas y tratar de mantener la pureza de culturas, civilizaciones o religiones no occidentales; el anti-occidentalismo conduce al fundamentalismo. Y la tercera es la actualización de epistemologías fronterizas. Epistemologías fronterizas significan el reconocimiento de las contribuciones de la civilización occidental, en todos los órdenes, a la diversidad planetaria de culturas y civilizaciones. Y significa también denunciar el no derecho de la civilización occidental a occidentalizar el planeta. Por lo tanto, es necesario reinscribir los fundamentos de las culturas y civilizaciones no occidentales, en el debate planetario hacia el futuro. Esto no es negar la civilización occidental sino reducirla a sus propios términos y dimensiones. Para ello es necesario montarse sobre epistemologías de fronteras que desobedecen y se desenganchan de las epistemologías territoriales de occidente, de la teología cristiana o la ciencia y la filosofía seculares.

Ahora bien, la actualización de epistemologías de fronteras en los proyectos de islamización y des-occidentalización son diferentes. En la islamización se trata de apropiarse y des-hegemonizar la cosmología occidental (secular y cristiana) en beneficio de proyectos y necesidades islámicas mientras que la des-occidentalización se trata de proyectos más generales en los cuales pueden incluirse islamización, la indigenaización en sentido general, o la indigeneización en sentido más restricto, tal como lo encontramos en el uso de Sumak Kawsay o Sumaq Qamaña por parte de pensadores y activistas aymaras, quechuas y quichuas. Indigeneización en sentido restringido en los Andes significa ambos des-occidentalizar y des-colonizar los saberes, los sentires y las creencias. En América del Sur y el Caribe, y en África, el uso de descolonización o descolonialidad es más común que el de desoccidentalización puesto que fueron regiones fuertemente colonizadas y controladas por Europa. En este sentido, la historia colonial de África y la de América del Sur y del Caribe siguen rutas paralelas aunque con fuertes diferencias, de las que no voy a hablar aquí para no extenderme demasiado.

6) Nos gustaría que continuaras con la idea que vienes desarrollando. Puedes extenderse un poco más en este asunto.

En verdad, lo que acabo de decir está relacionado con los conceptos de diferencia colonial y diferencia imperial, o diferencias coloniales e imperiales si se prefiere el plural. El plural está siempre implícito, así se hable de cristiandad, de islamismo, de liberalismo o de marxismo. Hay varias posiciones en cada uno de estos rubros, pero nadie confunde a un marxista o a un cristiano con un musulmán ni a un liberal con un confuciano o budista. Pues, entonces, cuál es la importancia de la(s) diferencia(s) colonial(es) e imperial(es). Tanto aquí como en el conjunto conceptual anterior que surge del acoso de occidente en todos los órdenes, las cosas no son en blanco y negro, sino que hay grises y distinciones al mismo tiempo que las distinciones se construyen sobre una base de semejanzas. Las semejanzas confluyen en que ambas diferencias fueron estrategias de Occidente para inventar diferencias que convinieran al proceso de construirse en su identidad, la de la Civilización Occidental (es decir, al Oeste de Jerusalén, la tierra de Jafet, el hijo prodigo de Noa). La diferencia colonial se construyó primero con relación a las civilizaciones originarias (Aztecas, Mayas, Incas y las culturas menores en el momento de la conquista y colonización) de lo que bautizaron los Europeos Nuevo Mundo e Indias Occidentales. La diferencia colonial se construyó por un lado para desmantelar esas civilizaciones y apropiarse de grandes extensiones de tierras y, por otro lado, para justificar la esclavitud. Sólo seres inferiores pueden ser despojados de sus hábitos de vida y apropiarse de sus bienes y sólo seres inferiores pueden ser capturados, miserablemente transportados y explotados en las plantaciones del Caribe insular y continental (desde Georgetown en Carolina del Sur hasta Nueva Orleans, Cartagena de Indias y Salvador de Bahía).

La diferencia imperial, en cambio, se construyó en relación con civilizaciones que no fueron colonizadas ni esclavizadas, sino interferidas de variados modos por la colonialidad: la estructura de poder que no necesita de colonias para ejercer su fuerza gestora.

7) En la Argentina el etnocidio no  sólo continúa manifestándose sino que además, como sostiene la antropóloga Diana Lenton nunca ha sido juzgado. ¿Cómo  se considera este rasgo ominoso de nuestra sociedad en el marco del pensamiento descolonial?

El etnocidio/genocidio (dejo de lado las diferencias entre estos dos conceptos que guardan en común la violencia de una etnia o grupo social contra otro, ambos auto-identificados por sus genes (biología) o por su etnicidad (cultura)) es el privilegio de una etnia o de un grupo genéticamente auto-identificado frente y contra otros grupos o comunidades que considera nocivo, peligroso o inconveniente para el grupo o comunidad que controla el conocimiento y los medios políticos, económicos, policiales y militares para su garantía, su auto-sustentación. Lo que acabo de decir es una afirmación general enmarcada en el pensamiento descolonial. Me explico.

Lewis Gordon, filósofo Jamaiquino, suele decir que Europa huele a clase y América huele a raza. Como saben, la teoría (en el sentido general de un conjunto de principios y conceptos que permiten conectar y revelar lo desconectado y lo invisible u oscurecido) se funda en la afirmación de que el racismo es una de las bases o pilares en la construcción del mundo moderno/colonial. Esta afirmación es ya una afirmación descolonial que no se encuentra en las ciencias sociales o en las humanidades. Este fue también el punto de ruptura de Anibal Quijano con el análisis del sistema mundo-moderno. De modo que los estados monárquico (hispánico, portugués, francés, inglés, holandés) en colaboración con la teología cristiana, sentaron las bases que justificó la “prescindibilidad” (desechables) de las vidas humanas (categoría económica puesta en práctica a partir de la trata de esclavizados africanos  africanos) y las vidas desnudas (categoría política inaugurada con el estado moderno, Europeo, que denunciaron Hannah Arendt y Giorgio Agamben. La formación de las repúblicas (o estados modernos/coloniales) en América del Sur /y también del norte), continuaron la misma política, sólo que a partir de entonces el racismo fue practicado por las elites criollas de ascendencia Europea y sus aliados mestizos. El problema entonces es la forma Estado-nación que se fundó, por un lado, sobre la idea de la homogeneidad nacional (lo cual condujo, después de Ataturk) y condujo, en segundo lugar, al Fascismo que se necesitó en el seno mismo de Europa para ejercerse como tal  y eliminar las ¨impurezas de sangre.¨ Hoy este problema  es acuciante para el corazón de Europa (los seis estados modernos imperiales desde el renacimiento a la fecha, y ya extendida a los estados escandinavos y lo es también para Estados Unidos). La inmigración es aquí el problema. Las vidas desnudas abundan. En cambio, en estados-modernos coloniales donde la inmigración no es un problema central, lo son en cambio las poblaciones originarias. Una paradoja, de verdad, pero lo que ocurre es que las poblaciones originarias saben que tienen derecho a la tierra (demandas que no puede hacer la migración masiva a Europa y Estados Unidos a partir de 1970). La violencia ejercida frente a los pueblos originarios en Argentina y Chile es nada más y nada menos que la continuidad de la matriz colonial de poder en el control de la autoridad y de la economía. Control de la autoridad y de la economía que emplea la retórica del desarrollo y de la modernidad para justificar atropellos y expropiaciones. Pues lo ominoso en Argentina—como en todo el planeta– hoy es nada más y nada menos que la colonialidad: el pasado y el presente de la injusticia social a nivel global.

El etnocidio es un aspecto de la lógica de la colonialidad silenciado o justificado por la retórica de la modernidad. La modernidad misma se funda en el doble etnocidio de los pueblos originarios y los esclavizados africanos, en el proceso de la conquista y nominación de América. No fue suficiente con diezmar las poblaciones originarias, a sabiendas y queriéndolo o no, sino que se les quitó también el nombre de sus territorialidades y se les nombró  ¨Indios¨ en las Indias Occidentales primero y América después. Pero es con la invención del Estado-nación donde el etnocidio adquiere un nuevo carácter, propiamente el etno-cidio, ya que el estado-nación se construyó en la correlación un estado-una nación, es decir, una etnia. Las etnias no identificadas con el Estado fueron y son marginadas o eliminadas. Cuando Mustafa Kemal Ataturk creó el Estado moderno/colonial en Turquía, después que Inglaterra y Francia desmantelaron el Sultanato Otomano, ocurrió el etnocidio Armenio. Hitler se propuso eliminar toda etnia que no fuera la Germana. El genocidio en Ruanda (genocidio y etnocidio son vocablos equivalentes) es una muestra cabal de cómo la ideología del Estado-nación se incorporó en los Tutsis para eliminar a los Hutus. Esto es, ya no los Belgas sino las propias etnias locales eliminándose entre sí después de haber ¨aprendido¨ la idea de ¨nación¨ y de ¨Estado.¨  El etnocidio en Argentina forma parte de una cadena que en América nunca se interrumpió, desde la conquista.

En cuando a juzgar los casos de etnocidio o genocidio, depende de cuáles son las fuerzas que disputan el poder en el momento y lugar donde se cometen actos etnocidas o genocidas. Idealmente, los crímenes deben ser juzgados, pero depende de quien comete el crimen y contra quién.  El etnocidio de los pueblos originarios en el Nuevo Mundo es una constante desde el estado virreinal o moderno/colonial , desde finales del siglo XV a la fecha. Etnocidio y genocidio son actos que se basan en el principio de ¨vidas desechables¨ en relación a principios tanto ético-políticos como político-económicos. De modo que el principio no dicho de vidas desechables justifica, de parte del Estado y de gran parte de la sociedad civil, que tales crímenes no sean juzgados porque, en última instancias, no se consideran crímenes. Para que etnocidios no juzgados sean juzgados es necesario un reclamo masivo y fuerte de la sociedad política. Los problemas fundamentales hoy, legado de la civilización occidental, es que el dinero se ha convertido en el horizonte fundamental y primero de un vasto sector social. Ese sector social es el que controla el Estado y la economía, por las buenas y por las malas. La corrupción de todo tipo es parte substancial de los Estados y de las economías. No hay en verdad diferencia entre el caso de Luis Bárcenas y el caso del Duque de Palma de Mayorca. No es el caso único de España. Es lo que está más a la vista hoy. Pero también los jueces que al hacer su trabajo ético por la justicia, se ven acosados por los carteles nacionales e internacionales en el tráfico de drogas, de niños, de mujeres, de órganos del cuerpo, etc. El control de la autoridad está hoy sujeto al control de la economía. Y esto por el momento es irreversible: no hay justicia que pueda controlar la corrupción legalizada e ilegal. Por eso también que es imposible contener, en la actual visión de vida y de sociedad, las transnacionales que a destajos operan a cielo abierto o a Monsanto que incrementa sus ganancias a costa del envenenamiento de vastas regiones del planeta y sectores de la población.

El horizonte descolonial no es el de la acumulación y la competencia para ser primero, tener más, mostrar más, etc., sino el de la armonía y plenitud de vida. Este horizonte tiene hoy varios caminos: en China y en otros estados de Asia del este, el concepto de ¨he¨ nos dice eso. En los países Andinos ¨sumaq kawsay¨ y ¨suma qamaña¨ tan de moda hoy hasta en el Foro Social Mundial, en Malasya e Indonesia ¨la vía moderada.¨ El horizonte descolonial ya existe. El problema es que tanto en China, como en Bolivia, como en Ecuador, como en Malasia, los estados operan como estados y, por lo tanto, dependen todavía de creencias que regulan las relaciones internacionales y que están basadas sobre la competencia entre los estados fuertes y la dependencia (de uno u otro capitalismo) de los estados menores. En occidente y zonas de influencia se continúa empleando el término ¨democracia.¨ En el Islam, la umma (communida) está regulada por la shar´ia (ley o nomos en la lengua Griega). Todos estos conceptos apunta y subrayan el deseo de vidas plenas y sociedades armónicas. Para marchar hacia esos horizontes, no uno sino varios, es necesario eliminar la colonialidad y, fundamentalmente, la idea de que uno de estos horizontes que es bueno para mí debe serlo para todo. La colonialidad lleva la semilla de la verdad sin paréntesis, de la universalidad, de la guerra para eliminar otras verdades con o sin paréntesis.

        El pensamiento descolonial (en el sentido de opción descolonial, equivalente a pensamiento sociológico, Cristiano o Marxista y opción sociológica, Cristiana o Marxista) se funda en la analítica de la modernidad/colonialidad. Y uno de los fundamentos de la colonialidad en el que insistió Aníbal Quijano desde el comienzo, es el concepto de ¨raza¨ lo cual quiere decir ¨racismo.¨  Es decir, la idea misma de raza es una idea moderna en la que se funda el racismo. Y el racismo no es otra cosa que la idea dominante y/o hegemónica de que hay vidas y regiones del planeta más válidas que otras. De tal manera que no es casual que en la minería a cielo abierto en América del Sur o en África coincidan regiones del planeta y gentes desechables.  La opción descolonial es una forma de pensar y de hacer que, paralelas a otras formas de hacer y pensar que denuncian la injusticia en pro de la justicia, tiene uno de sus pilares en la hipótesis de que la retórica de la modernidad (progreso, crecimiento, desarrollo, paz y homogeneidad, etc.) justifica la eliminación de todo obstáculo que se oponga a su marcha. En el caso de los pueblos originarios hoy, más que nunca, el asunto es la tierra. La tierra es algo que no se puede producir más y es necesaria a todo proyecto de desarrollo y crecimiento económico. Los pueblos originarios son un obstáculo. La expropiación legal o ilegal se justifica en nombre del ¨adelanto¨ y la ¨modernización.¨ El pensamiento y el hacer descolonial contribuye a revelar la lógica de la colonialidad que se esconde bajo la retórica de la modernidad. Pero no es suficiente. Es necesaria la movilización de la sociedad política. Pero la movilización por sí misma no es suficiente, son necesarios conocimientos y argumentos que avalen la justicia por sobre la reproducción colonial de la injusticia.

Walter D. Mignolo es Director del Center for Global Studies and the Humanities de Duke University. Considerado uno de los fundadores del pensamiento decolonial y autor de La Idea de América Latina, libro fundamental para sostener esta corriente de pensamiento.

Norma Giarracca es Profesora e Investigadora del Instituto de Investigación Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

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