When you walk from the central plaza of Corral de Bustos (a small town of 15,000 people in the middle of the Pampa Gringa in the South of Córdoba), you arrive at the last road that divides the town from the country.

pampaStanding there, at the limit, you see the fence, the field, the windmill, the small forest scattered in the pampa. The Pampa Gringa is where immigrants, mainly Italians who came Argentina in the late nineteenth century, settled down. I was born and raised in that landscape. Corral de Bustos is located between the Camino Real (Royal Road) and the Camino de Frontera (Frontier Road). Camino de Frontera linked Buenos Aires (since its foundation in 1536) to Cuzco, the center of the Viceroyalty of Peru. Camino Real connected Buenos Aires with the territory of the Indians, activated in the second half of the nineteenth century.

By the time the railroad from Rio Cuarto to Rosario was constructed, von Inflinger and Godeken (German immigrants) had purchased an enormous amount of land. Their land formed a triangle with other large extensions of land that belonged to the Urangas, a family of “Gallegos” (as all Spaniards were called) that settled in the region in the second half of the XVIIIth century.

Although this narrative came to me later in my life, it was imprinted in my body during the eighteen years I lived in that town. And with time I learned to see the world, and today to look at globalization, from that embodiment and from the southern geo-political and geo-economic perspective. Everything I’ve done in the past 25 years is grounded in the splendors and miseries of those years; in the joy of simplicity in life and the discomfort of the imperial/colonial wound as lived by families of Italian migrants that landed in the middle of nowhere.

I return every year to the town, since 1985, to visit my mother – my father passed away in 1997 – my cousins, friends, uncles and aunts. I walk every day from my house to the plaza, in front of which there is a news stand where I buy the newspapers. Each morning I see the corner of what it once was, Tienda la Liquidadora, a clothing store for men and women.


In the time since, it’s undergone a facelift and is now a drugstore. The two ladies in the picture are not my mother Nieves and her sister Delia, but they could have been. I have pictures of both of them wearing similar outfits. And my father used to wear a hat, not like that one, but a hot nonetheless. Next to him could have been his younger brother, tio Titino, or perhaps my mother’s younger brother, tio Daniel.

There are many interesting and dramatic stories in the town and in the area. And there is also a peculiar sense of humor running parallel to the them. I remember one of the dramatic stories from when I was 5 or 6 years old. It was about the Italian mafia in Corral de Bustos. Not to long ago, it was an article in La Nación (one of the oldest newspaper in Argentina), about that distinctive past. I remember it most because the victim of one of their crimes, Victor Ayerza, was buried in the edge of my grandfather’s land, next to the road. I learned about it at a young age, watching a documentary, seating on my mothers’s lap, gazing at the black and white film screened in the dance hall of a sports club.

justiciaMore recently, December 4th, 2006, there was another event that quivered the town for months: the “tribunales de justicia”were burned. The town got on its feet and for several months congregated around the “plaza”in front of tribunales”to protest and demand justice. Around 40 people were jailed as suspects. Each of them was very well known in the town. The rumors spread. Most of the suspected had, in the mind of the town, a dirty past. Therefore, many of them had good reasons to start the fire and get read of documents that, if not burned, could make their life miserable. But it may have also been, people argued, that the official of the tribunal may have been in danger of being discovered from some of their own dirty tricks and initiated the fire themselves!! So, to whom you would demand justice if justice itself may be implicated in the crime? Humor captured the uncertainties in an age of suspicions with a poster that was stamped on walls and posted in the internet, strongly demanding justice!

Humor in Corral de Bustos has much to do with humor in Córdoba – the capital of the province Corral de Bustos belongs to – is a city well known for its popular philosophy of life, transmitted in jokes, anecdotes and twists that de-colonize the sacred words of the nation-state. Those who drew the poster were not just joking; they were seriously involved in demanding justice knowing, at the same time, that justice in a capitalist world is a joke.

I will tell you more about my memories, when they come to me.

Casa Argentina, Cité Universitaire, Paris (1969-1974)

One more came, this one in Spanish. This piece was requested by the Director of La Maison d’ Argentina, that is celebrating its 80 anniversary (it was inaugurated in 1928). One of the activities is the publication of a book of memorabilias written by many associated with it.

Fue en 1969 cuando salí del invierno de Córdoba y llegué al día siguiente al verano de París. Un par de meses antes, la Universidad Nacional de Córdoba me había otorgado la beca para estudios en el extranjero. Si mal no recuerdo, la misma beca la habían obtenido algunos años antes el “Toto” Smuchcler y Alfredo Paiva. Recuerdo todavía aquella mañana después de las entrevistas para la beca, cuando el profesor Zurdo salió al pasillo, a mi encuentro, caminamos hacia la sala, puso su mano sobre mi hombro, y dijo algo así como: “nos llamó la atención tu calma en un momento tan crucial de tu vida.” Algún tiempo después entendí que si la calma llamó la atención de mis examinadores, es porque yo no tenía idea clara que estaba en un momento crucial de mi vida.

La Maison d' Argentine, 1969
La Maison d' Argentine, 1969

Llegué a Paris. Susana Pasternak, compañera de estudios en la facultad de filosofía y letras, estaba ya viviendo en París con su pareja. Susana fue mi guía en el primer mes en Paris. La primera tarea era conseguir alojamiento. Susana me sugirió visitar la Maison d’Argentine, en la ciudad universitaria. Creo que ella sabía, o me enteré al visitar la Maison (mi primer viaje en metró de Luxembourg a Cité Universitaire), que la Maison alojaba fundamentalmente estudiantes con un tipo de becas del gobierno argentino y la Alliance Francaise. No obstante ello, el secretario de la Maison de cuyo nombre no puedo acordarme, hizo el siguiente arreglo: que me alojaría por una o dos semanas en la Maison, mientras vería la posibilidad de conseguir alojamiento en otra Maison, en la misma cité. Al poco tiempo me informó que me alojarían en la Maison de Japan. Voilá! Me pareció fascinante no sólo por la arquitectura, sino porque seguiría estando en la Maison d’Argentine sin estar.  En las dos semanas en que estuve ahí establecí amistades con Eduardo Gaggiano, al poco tiempo llegó Ana María Rocca; y también Mirta y Eduardo, otra pareja de Cordobeses…y también licenciados en arquitectura!  Era en realidad Córdoba en la Cité Universitaire.

La Maison de Japan, 1969
La Maison de Japan, 1969

Por qué había ido a París? Antes de solicitar la beca de final de carrera para estudios en el extranjero, había tenido correspondencias con Humberto Eco en Milano y con Roland Barthes en París, consultando si me aceptarían en sus seminarios y me asesorarían en las investigaciones para mi tesis. Ambos respondieron positivamente.  La anécdota puede sonar extraña hoy, pero en aquella época, en Córdoba, estábamos muy al tanto de lo que ocurría en París y también en Italia. Ambos respondieron positivamente, pero presentarme al concurso para la beca, solicité Paris.

Y bueno, ahí estaba, en Paris, con el problema de la residencia ya resuelto. Ahora había que enfrentar otros dos problemas mayores: la lengua francesa y la Ecole des Hautes Etudes, donde dictaban seminarios el mismo Roland Barthes, Julien Algirdas Greimas, Edgar Morin, Louis Marin que dictaba un seminario sobre Poussin; y por esos atrios circulaban a veces Julia Kristeva y Philippe Soller, entremezclados con Barthes y enfrentados a Greimas. Y también Gerard Gennette que era todavía maitre assistant de Barthes, y al poco tiempo pasó a ser maitre de conférence y a dictar sus propios seminarios…sobre Marcel Proust!! Se escuchaban rumores de los seminarios de Claude-Lévi Strauss, en el College de France. Michel Foucault había sido nombrado Catedrático, en el mismo College, en “Historia de Sistemas de Pensamiento.” En ese mismo año se publicó L’archéologie du savoir. Tengo ahora frente a mi la copia con fecha de mi propia mano: “París, Octubre 69”.  Esto sobre los ecos de De la grammatologie, que Jacques Derrida había publicado un par de años antes, y de Les mots et les choses, publicado en 1967. En este caso, mi anotación manuscrita dice “Córdoba, Febrero de 1967.” Habia una librería francesa en el que hacíamos los pedidos y llegaban en menos de un mes. Jacques Lacan, si mal no recuerdo, dictaba su seminario sobre “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.”

Pavillion Internationale, Cite Universitaire, 1960
Pavillion Internationale, Cite Universitaire, 1960

Pero volvamos al primer mes. Tocaba acomodarme a la vida (por ejemplo había que pedir  “une tartine” y no “du pain avec du beurre”) a la academia francesa, llenar formularios, tomar fotos en el fotomatón para cedulas de identidad de todo tipo. En ese proceso conocí a Jorge Aguilar Mora, que vivía también en la Cité, creo que en la Maison du Mexique. Nos hicimos muy amigos. Jorge me presentó a Severo Sarduy, tomando varios cafeses en el Café Bonaparte, en Saint Germain. El café está cerca de Editorial du Seuil. Francois Wahl, quien trabajaba en la editorial, aparecía de vez en cuando por el café donde estábamos charlando con Severo y Jorge. Severo acaba de publicar Escrito sobre un cuerpo y estaba terminando Cobra. Recuerdo que un día le pregunté cuando planeaba terminar la novela. Me faltan 20 páginas, me respondió. Y cómo sabes? , pregunté. Ah, respondió, porque escribo 200 páginas y ya!.  Severo era muy amigo de Barthes, de modo que conocí a Barthes en el café Bonaparte antes de ir a su seminario.

Pues así pasó el tiempo, entre seminario y seminario, de librería en librería, caminatas de Montmartre a la Condorde, de cine en cine, en Le Cartier, de couscous en coucous en el mismo Cartier. Y así llegaba el momento en el que era necesario terminar la tesis y cerrar el ciclo París.  Durante el tramo final de la tesis solicíté trabajo en universidades en Estados Unidos. Me contrataron en la Universidad de Indiana, en Bloomington. Llegué un 15 de Enero, invierno. El salto de Paris a Bloomington fue un “cultural shock”.  Pero como dicen, el ser humano es un animal de costumbres, y al poco tiempo, me acomodé a la nueva situación, con excelentes colegas y un grupo de estudiantes graduados, algunos de casi mi edad en ese momento, empezó otra etapa. Y aquí estoy, ya no en la Universidad de Indiana, sino en la Universidad Duke, habiendo pasado un largo entretiempo en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Memorable porque por ahí pasó Domingo Faustino Sarmiento y la leyenda dice que contrató maestros y maestras en Ypsilanti, un pequeño pueblo a unos 15 kilómetros de Ann Arbor.

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